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Paseando borracho, único paisaje
en mi mente tus ojos, y más lejos tus manos
deseos callados comprenden raros
pensados para explotar en tus labios.
Bosques de espigas vanas
señoras con menopausia
escapes en las mangueras
grutas escasas de aire.
Preguntas, dudas que bailan
sinceros gestos de alarma
esperas en las aceras
besos que nunca arrancan.
Te quisiera envolver
en estrellitas creadas
por un mago descamisado
con polvos de campanilla
con trucos de dioses olvidados
y sé que no esperas furor
de remites escaldados
y sé que no quieres probar
a crear besos en mis manos.
Te esperaré en los tejados.
Te encontraré en cada libro
y en esquinas lejos de casa
tal vez con líneas distintas
tal vez con turbias miradas
tal vez paredes calladas
tal vez derrochando risas
tal vez entonces se calle
el grito destartalado
que hoy reprime mi alma.
No digo que esté bien
pero hay veces en las que
quisiera ser alzado
tus brazos por sostén.
Rodéame.
Rodéame.
Aunque para hacerlo
debas salir de ti,
dejarte por mi
para después.
Aunque debas hacer magia
que no quede ni un espacio
por el que entre
este presente
tan sucio y tan alfil.
Soy pequeño,
te facilito la tarea
y prometo
también
encogerme.
Pero, hazlo, ven
tú sola
sin ti.
Rodéame.
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